miércoles, 4 de noviembre de 2015

Evangelio según San Marcos 12, 38-44 - "La ofrenda de la viuda pobre" -

32º Domingo
de Tiempo Ordinario - Ciclo B
"La ofrenda de la viuda pobre"
8/11/15
Mc 12, 38-44

Jesús enseñaba a la multitud: «Cuídense de los escribas, a quienes les gusta pasearse con largas vestiduras, ser saludados en las plazas y ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los banquetes; que devoran los bienes de las viudas y fingen hacer largas oraciones. Estos serán juzgados con más severidad».
Jesús se sentó frente a la sala del tesoro del Templo y miraba cómo la gente depositaba su limosna. Muchos ricos daban en abundancia.
Llegó una viuda de condición humilde y colocó dos pequeñas monedas de cobre.
Entonces él llamó a sus discípulos y les dijo: «Les aseguro que esta pobre viuda ha puesto más que cualquiera de los otros, porque todos han dado de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, dio todo lo que poseía, todo lo que tenía para vivir».
Palabra del Señor    
Reflexión
LOS BIENES DE LAS VIUDAS
“Voy a hacer un pan para mí y para mi hijo; nos lo comeremos y luego moriremos”. Sólo eso pretende la viuda que el profeta Elías se encuentra al acercarse a la ciudad de Sarepta. Este relato que hoy se lee (1 Re 17, 10-16) nos presenta a tres protagonistas
En primer lugar, vemos que el profeta no llega imponiéndose por su fuerza o por su sabiduría. Es un extranjero que sólo cuenta con la palabra de Dios, que lo ha enviado a aquella tierra de paganos. Así que pide por favor un sorbo de agua y un trozo de pan.
Además, el profeta no se dirige a los que gobiernan en la ciudad. La primera persona que se encuentra es tan pobre como él. Y con ella comienza el diálogo que ha de culminar en un doble testimonio de fe.
El tercer protagonista es el mismo Dios, que envía al profeta y vela por la existencia de aquella pobre viuda y de su hijo. La palabra de Dios es eficaz. Dios cumple su promesa y se hace reconocer aun por los que parecen estar lejos de él.

LOS DONATIVOS Y LA ENTREGA
También el evangelio de hoy recuerda la figura de las viudas (Mc 12, 28-44). Jesús ridiculiza la vanidad de la que hacen gala los escribas. Y denuncia la voracidad con la que tratan de adueñarse de los bienes de las viudas, aparentando hacer largas oraciones. Al pecado de orgullo, los escribas unen la injusticia y la impiedad.
La alusión a las viudas expoliadas por los especialistas de la Ley introduce el eco de un momento inolvidable. Aquel en que Jesús observó la diferente conducta de los ricos y los pobres al acercarse a las arcas donde ser recogían los donativos destinados al templo de Jerusalén.
Muchos ricos echaban mucho dinero. Pero llegó también una viuda pobre y echó dos monedas: exactamente las más pequeñas que circulaban por entonces. Aquel hecho no pasó inadvertido a los ojos del Maestro. En aquella viuda vio Jesús el signo de la entrega personal de una mujer creyente.

SEGURIDAD Y CONFIANZA
Como en otras ocasiones, Jesús aprovecha la ocasión para ofrecer una enseñanza a sus discípulos: la pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Pero ¿cuál es el criterio para esa evaluación?
• “Los demás han echado de lo que les sobra”. Aun siendo fuerte, la cantidad depositada por los ricos no ponía en riesgo su comodidad y menos aún sus vidas. Los donantes seguían controlando su propia seguridad y confiando en sí mismos. 
• La viuda pobre “ha echado todo lo que tenía para vivir”. Aun siendo escasa, la ofrenda de la pobre viuda significaba despojarse de toda seguridad razonable y poner toda su confianza en la providencia del Señor
- Padre nuestro, nosotros hablamos de los pobres desde lejos. No somos pobres. No tenemos espíritu de pobres. No confiamos en ti como han de confiar los pobres. Lo que te entregamos no pone en riesgo nuestra seguridad ni disminuye la confianza que depositamos en los bienes. Necesitamos entregarnos a ti con mayor sinceridad.
José-Román Flecha Andrés

martes, 27 de octubre de 2015

Evangelio según San Mateo 5, 1-12 - "Las Bienaventuranzas" -

31º Domingo
de Tiempo Ordinario - Ciclo B
"Las Bienaventuranzas"
2/11/15
Mt 5,1-12
Al ver a la multitud, Jesús subió a la montaña, se sentó, y sus discípulos se acercaron a él.
Entonces tomó la palabra y comenzó a enseñarles, diciendo:
«Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.
Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia.
Felices los afligidos, porque serán consolados.
Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia.
Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios.
Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.
Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.
Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí.
Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron.
Palabra del Señor    
Reflexión
SANTOS Y FELICES
“Vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en las manos”.
Siempre nos fascina esa visión del libro del Apocalipsis que se proclama en la primera lectura de esta solemnidad de todos los Santos (Ap 7, 2-14). Nos impresiona esa multitud de mártires que han ganado la palma del triunfo con su sangre. Ellos son los que forman el gran coro de los que aclaman y cantan: “La salvación es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero”.
Paradójicamente, los mártires “han blanqueado sus mantos en la sangre del Cordero”. Se han negado a adorar a los ídolos que cada día se presentan exigiendo nuestra adoración. Ellos son lo mejor de esta tierra. Son los que han entendido como nadie la libertad de adorar al único que merece nuestra adoración.

LA VERDAD DEL SER HUMANO
Hoy todos coinciden en exaltar el ideal del hombre, su imagen y su dignidad. Pero el coro se divide al pretender señalar qué es el hombre, cuáles son las notas que lo definen. En qué consiste su dignidad.
Unos afirman que es libre pero olvidan que ha de ser solidario. Otros afirman que todos los srrs humanos son iguales, pero parecen dispuestos a olvidar que cada uno es un individuo único e irrepetible. 
En el evangelio de hoy leemos una vez más el texto que recoge las bienaventuranzas incluidas en el Sermón de la Montaña (Mt 5, 1-12). Con frecuencia las vemos como escandalosas. Sin embargo, en ellas está la clave de la felicidad.
Jesús es la Palabra de Dios y también la imagen definitiva y perfecta del ser humano. Las bienaventuranzas que él proclamó nos revelan la verdad última del hombre. Nos dicen qué significa ser humano en plenitud. Nos recuerdan los valores profundos que hacen que nuestra existencia sea humana y humanizadora.

CAMINOS DE FELICIDAD
Muchas imágenes del ser humano son engañosas. En las bienaventuranzas Jesús nos dice qué significa ser persona. Y cómo se puede ser feliz.
• La felicidad no está en acaparar bienes, sino en compartirlos.
• La felicidad no está en la violencia, sino en la humildad y la mansedumbre.
• La felicidad no está en el desdén hacia los afligidos, sino en la compasión
• La felicidad no está en la instalación, sino en el camino hacia el bien.
• La felicidad no está en el individualismo, sino en la misericordia.
• La felicidad no está en la mentira, sino en la limpieza del corazón.
• La felicidad no está en el conflicto, sino en la lucha por la concordia
• La felicidad no está en la traición, sino en la fidelidad a la fe y al amor.
- Señor Jesús, nosotros proclamamos que solo tú eres Santo. Que tu ejemplo y tu palabra nos ayuden a seguirte por el camino que han seguido todos los santos que en el mundo han sido. Tú que vives y reinas y nos esperas por los siglos de los siglos.
José-Román Flecha Andrés

martes, 20 de octubre de 2015

Videos Reflexión: 30º Domingo Tpo. Ordinario Ciclo B - "Curación de un ciego de Jericó" - (Ed. Verbo Divino - Monjas de Sant Benet) -




Evangelio según San Marcos 10,46-52 - "Curación de un ciego de Jericó" -

30º Domingo
de Tiempo Ordinario - Ciclo B
"Curación de un ciego de Jericó"
25/10/15
Mc 10,46-52

Después llegaron a Jericó. Cuando Jesús salía de allí, acompañado de sus discípulos y de una gran multitud, el hijo de Timeo –Bartimeo, un mendigo ciego– estaba sentado junto al camino.
Al enterarse de que pasaba Jesús, el Nazareno, se puso a gritar: «¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí!».
Muchos lo reprendían para que se callara, pero él gritaba más fuerte: «¡Hijo de David, ten piedad de mí!».
Jesús se detuvo y dijo: «Llámenlo». Entonces llamaron al ciego y le dijeron: «¡Animo, levántate! El te llama».
Y el ciego, arrojando su manto, se puso de pie de un salto y fue hacia él.
Jesús le preguntó: «¿Qué quieres que haga por ti?. El le respondió: «Maestro, que yo pueda ver».
Jesús le dijo: «Vete, tu fe te ha salvado». En seguida comenzó a ver y lo siguió por el camino.
Palabra del Señor  
Reflexión
"CURARNOS DE LA CEGUERA"
¿Qué podemos hacer cuando la fe se va apagando en nuestro corazón? ¿Es posible reaccionar? ¿Podemos salir de la indiferencia? Marcos narra la curación del ciego Bartimeo para animar a sus lectores a vivir un proceso que pueda cambiar sus vidas.
No es difícil reconocernos en la figura de Bartimeo. Vivimos a veces como «ciegos», sin ojos para mirar la vida como la miraba Jesús. «Sentados», instalados en una religión convencional, sin fuerza para seguir sus pasos. Descaminados, «al borde del camino» que lleva Jesús, sin tenerle como guía de nuestras comunidades cristianas.
¿Qué podemos hacer? A pesar de su ceguera, Bartimeo «se entera» de que, por su vida, está pasando Jesús. No puede dejar escapar la ocasión y comienza a gritar una y otra vez: «ten compasión de mí». Esto es siempre lo primero: abrirse a cualquier llamada o experiencia que nos invita a curar nuestra vida.
El ciego no sabe recitar oraciones hechas por otros. Sólo sabe gritar y pedir compasión porque se siente mal. Este grito humilde y sincero, repetido desde el fondo del corazón, puede ser para nosotros el comienzo de una vida nueva. Jesús no pasará de largo.
El ciego sigue en el suelo, lejos de Jesús, pero escucha atentamente lo que le dicen sus enviados: «¡Ánimo! Levántate. Te está llamando». Primero, se deja animar abriendo un pequeño resquicio a la esperanza. Luego, escucha la llamada a levantarse y reaccionar. Por último, ya no se siente solo: Jesús lo está llamando. Esto lo cambia todo.
Bartimeo da tres pasos que van a cambiar su vida. «Arroja el manto» porque le estorba para encontrarse con Jesús. Luego, aunque todavía se mueve entre tinieblas, «da un salto» decidido. De esta manera «se acerca» a Jesús. Es lo que necesitamos muchos de nosotros: liberarnos de ataduras que ahogan nuestra fe; tomar, por fin, una decisión sin dejarla para más tarde; y ponernos ante Jesús con confianza sencilla y nueva. 
Cuando Jesús le pregunta qué quiere de él, el ciego no duda. Sabe muy bien lo que necesita: «Maestro, que pueda ver». Es lo más importante. Cuando uno comienza a ver las cosas de manera nueva, su vida se transforma. Cuando una comunidad recibe luz de Jesús, se convierte.
Nos molestan los gritos de los que viven mal. Nos puede irritar encontrarnos continuamente en las páginas del evangelio con la llamada persistente de Jesús. Pero no nos está permitido «tachar» su mensaje. No hay cristianismo de Jesús sin escuchar a los que sufren. Están en nuestro camino. Los podemos encontrar en cualquier momento. Muy cerca de nosotros o más lejos. Piden ayuda y compasión. ¿Les contestamos con las palabras de Jesús: “Qué quieres que haga por ti”? 
José Antonio Pagola