martes, 30 de agosto de 2016

Vídeos Reflexión: 23º Domingo de Tiempo Ordinario - Ciclo C - "El desprendimiento, para ser discípulo de Jesús" - (Monjas de Sant Benet - Ed. Verbo Divino- YouTube)

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Evangelio según San Lucas 14,25-33 - "El desprendimiento, para ser discípulo de Jesús"

23º Domingo
de Tiempo Ordinario - Ciclo C -
"El desprendimiento, para ser discípulo de Jesús"
4/09/16
Lc 14,25-33 
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Reflexión
UN PROYECTO MÁS ALTO
“¿Qué hombre conoce el designio de Dios, quién comprende lo que Dios quiere? Los pensamientos de los mortales son mezquinos y nuestros razonamientos son falibles” (Sab 9,13-14). Así comienza el texto del libro de la Sabiduría que hoy se proclama en la primera lectura de la misa.

Un poco más adelante, el texto nos recuerda que “apenas conocemos las cosas terrenas y con trabajo encontramos lo que está a mano”. Con mayor dificultad conoceremos las cosas del cielo. No es fácil adivinar el proyecto de Dios sobre nuestra vida.
Suponemos que tampoco Filemón entendería con facilidad que la huída de su esclavo podría ser para él una ocasión para descubrir el valor de todo ser humano y aun su propia grandeza y su verdadero señorío. San Pablo trató de hacérselo comprender en el breve escrito con que acompañaba el retorno del esclavo Onésimo.

EL SEGUIMIENTO
Mucho más difícil es comprender por qué Jesús invita a dejarlo todo para seguirle a él: “Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío” (Lc 14,26).
El Papa Francisco ha comentado estas palabras diciendo: “Jesús insiste acerca de las condiciones para ser sus discípulos: no anteponer nada al amor por él, cargar la propia cruz y seguirle. Jesús no quiere engañar a nadie”. Esa es la clave: no anteponer nada al amor de Jesús. Para el discípulo nada es tan imprtante como el mensaje del Maestro.
Evidentemente, Jesús no niega el valor de la familia. Ni propone un masoquismo absurdo e inhumano. Pero trata de dejar muy claro que seguirle a él exigirá siempre un auténtico sacrificio. No es fácil dejar a un lado todo lo que consideramos valioso. No es fácil seguirle a él por un camino que lleva hasta la cruz. 

LA CRUZ
Todos los que tratamos de seguirle por el camino, recordemos que la propuesta de Jesús es clara y terminante:
• “Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío”. El mismo Papa Francisco nos ha recordado que “seguir a Jesús no significa participar en un cortejo triunfal. Significa entrar en su gran obra de misericordia, de perdón, de amor. Y este perdón, esta misericordia, pasa a través de la cruz.”
• “Quien no lleve su cruz destrás de mí no puede ser discípulo mío”. Ser discípulo de este Maestro no significa tan sólo conocer su filosofía y su doctrina. Implica vivir como él y estar dispuestos a morir con él. La fe no nace de un aprendizaje teórico. Brota de un encuentro personal que compromete toda la vida.
- Señor Jesús, de sobra sabemos que nuestros proyectos reflejan un ideal de comodidad. Pero tú nos presentas un proyecto más alto y nos invitas a seguirte. Ayúdanos a aceptar nuestra cruz de cada día como una parte de la tuya. Bendito seas por siempre, Señor.

José-Román Flecha Andrés
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jueves, 25 de agosto de 2016

Vídeos Reflexión: 22º Domingo de Tiempo Ordinario - Ciclo C - "Los primeros puestos" - (Monjas de Sant Benet - Youtube)

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Evangelio según San Lucas 14,1.7-14 - "Los primeros puestos"

22º Domingo
de Tiempo Ordinario - Ciclo C -
"Los primeros puestos"
28/08/16
Lc 14,1.7-14 
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Reflexión
INVITADOS Y ANFITRIONES
“Hazte pequeño en las grandezas humanas y alcanzarás el favor de Dios, porque es grande la misericordia de Dios y revela sus secretos a los humildes” (Si 3,17). Este consejo que nos ofrece hoy el libro del Sirácida o Eclesiástico merecerá la burla y el desprecio de todos los que van corriendo detrás de los honores, el prestigio o el triunfo político.

En el mundo actual no se valora la humildad. Por todas partes se respira el tufo de la arrogancia. Son muchos los que parecen dispuestos a vender hasta su alma con tal de aparecer en la primera plana del triunfo social.
En ese contexto, será difícil reconocer que “Dios prepara casa a los desvalidos, libera a los cautivos y los enriquece” (Sal 67). La experiencia de todos los días parece desmentir esa confesión del salmista. Pero Dios es el juez de todos, como nos recuerda la carta a los Hebreos (Heb 12, 22-24).



LA ALTANERÍA
En la misma línea se coloca el texto del evangelio que se proclama en este domingo (Lc 14, 1.7-14). Invitado a comer por uno de los principales fariseos, Jesús observa que los convidados se apresuran a escoger los primeros puestos. Su observación se ha hecho popular y se repite con frecuencia aun en los ambientes más laicos.
• Buscar los primeros puestos puede dejarnos en ridículo, si tenemos que descender. Es mejor buscar el último asiento para que el anfitrión nos invite a ocupar un puesto más digno. Evidentemente hemos aprendido la altanería que se puede esconder bajo la falsa humildad. Si elegimos el último puesto es solo para que todos reconozcan nuestra valia.
• Más popular aún se ha hecho la frase con que Jesús concluye este primer consejo: “Todo el que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido”. Tanto la historia como la experiencia diaria avalan la verdad de este proverbio. Thomas Merton había profetizado hace muchos años en un poema la caída de las grandes torres de acero y cristal.



LA GRATUIDAD
Pero más escandalosos resultan los dos consejos de Jesús que recoge el evangelio de este domingo. Uno es negativo y el otro es positivo. Pero es claro que ambos son políticamente incorrectos:
• Cuando des una comida no invites ni a parientes ni a vecinos ricos que puedan corresponder invitándote. Jesús no pretende que rompamos los preciosos lazos de la familia o de la amistad. El Maestro trata de exhortarnos a vivir en gratuidad, sin buscar recompensas inmediatas ni efímeros honores.
• “Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; dichoso tú, porque no pueden pagarte, te pagarán cuando resuciten los muertos”. He ahí una extraña bienaventuranza. Con ella se nos exhorta a descubrir la dignidad de los marginados sociales. Y a aprender la relación entre la gratuidad temporal y la esperanza de lo eterno.
- Señor Jesús, tú nos enseñas que la humildad no es una postura fingida e interesada. Y nos pides que imitemos al Padre, que ama especialmente a los pobres y desvalidos. Ayúdanos a vivir la verdad de nuestra fragilidad. Bendito seas, Señor.

José-Román Flecha Andrés
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miércoles, 24 de agosto de 2016