Haz click sobre la imágen
Pquia. San Pio X, Mar del Plata: Proyecto basado en las directivas del Padre M, Bautista. Como devotos de la Divina Misericordia del Señor, surge la necesidad de ver reflejada en la acción la Misericordia de Dios, queremos dar a conocer las obras de Misericordia, corporales y espirituales especialmente con los pecadores, consolando y asistiendo a los pobres, afligidos y enfermos. Jesús privilegió a los pobres y sufrientes (Lc. 6,20 ss), Él nos enseña a ver en el enfermo a Cristo (Mt. 25,31-46)
martes, 31 de julio de 2018
Evangelio según San Juan 6,24-35 - "Pan de Vida: creer en el Hijo de Dios" -
18º Domingo
Tiempo Ordinario - Ciclo B
"Pan de Vida: creer en el Hijo de Dios"
5/08/158
Jn 6,24-35
Tiempo Ordinario - Ciclo B
"Pan de Vida: creer en el Hijo de Dios"
5/08/158
Jn 6,24-35
Haz click sobre la imágen para leer el Evangelio
Reflexión
EL DESIERTO Y EL HAMBRE
“Nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda la comunidad”. Así suena la queja del pueblo de Israel, como se contiene en el texto bíblico que hoy se proclama (Éx 16,2-4.12-15). Es una queja airada contra Moisés y Aarón. Es tambien una queja injusta contra los que habían sido elegidos por Dios para liberar a su pueblo de la esclavitud.
Pero bien sabemos que el hambre es una mala consejera. Contribuye a ver la realidad como una amenaza. Favorece la inquietud social. Y lleva a las gentes a la rebelión.
El libro del Éxodo recuerda hoy el paso de Israel por el desierto. Atrás queda la opresión sufrida en Egipto. Por delante, se promete el país de la libertad. Pero, en medio, se vive entre una nostalgia siempre tentadora, y una esperanza siempre difícil de alcanzar.
El desierto es soledad y austeridad. El desierto es hambre y sed. Y esa sensación de abandono y orfandad que lleva a los peregrinos a preguntarse si Dios se cuida verdaderamente de ellos. De ahí que el maná que aparece en la mañana sea más que un medio para saciar el hambre. Es la señal de que Dios es el Señor. Su Señor.
TRES PALABRAS
El evangelio de hoy (Jn 6,24-35) contiene una parte del discurso con el que Jesús comenta la distribución de los panes y los peces. Las gentes siguen a Jesús, pero él pretende cuestionar la sinceridad del seguimiento. Entonces y ahora se puede seguir al Señor por un interés inmediato. Pero no es esa la actitud que corresponde a la fe.
El evangelio de Juan juega con tres palabras cargadas de espesor y de sentido: el trabajo, el signo y el pan.
• El trabajo que Dios quiere y espera de nosotros es el de la fe. Creer en el que Él ha enviado para nuestra salvación. Esa es la verdadera respuesta del creyente.
• El signo de la cercanía de Dios ya no es el maná de los tiempos del éxodo. El signo definitivo es su mismo Hijo, enviado como alimento para el nuevo éxodo.
• El maná que alimentó a Israel en el desierto aparecía en la tierra. Pero el verdadero pan de Dios ha bajado del cielo y da la vida al mundo.
EL PAN DE LA VIDA
En este contexto, el evangelio pone en boca de Jesús una de esas frases con las que se nos revela su ser y su misión: “Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre”. Es esa una revelación que había de atravesar el bosque de los siglos.
• “Yo soy el pan de vida”. Jesús es el pan que sostiene nuestro diario vivir. Nos alimenta ya con el ejemplo de su vida, entregada al servicio de los pobres y los humildes. Nos alimenta con sus palabras, nacidas de la honda y eterna verdad de la que vino a dar testimonio. Y nos alimenta con su presencia-eucaristía, memoria de su entrega y de su pascua.
• “El que viene a mí no pasará hambre”. No es posible detenerse, sabiendo dónde está el horno del pan. Bien conocía Él nuestra insatisfacción. Ni los tesoros ni los honores pueden calmar nuestra hambre. Para saciar nuestro apetito de amor y de esperanza, hemos de ir a Él.
- Señor Jesús, te reconocemos como el pan de la vida. Te damos gracias porque te han entregado generosamente para saciar nuestras hambres. Y te presentamos la necesidad de los que no te conocen. A ti que vives, reinas y nos alimentas por los siglos de los siglos.
José-Román Flecha Andrés

jueves, 26 de julio de 2018
miércoles, 25 de julio de 2018
Bioética: EUTANASIA Y CLARIDAD
EUTANASIA Y CLARIDAD
Ante las cuestiones relativas a la vida y a la muerte, a las motivaciones reales de las decisiones se suelen mezclar juicios y prejuicios fuertemente arraigados en los hábitos personales y sociales.
No falta quien ha aprovechado la legalización de la eutanasia para arremeter contra las “horribles religiones monoteístas” e invocar, aun poéticamente, el retorno al paganismo helénico como modelo de humanidad y libertad. Al fin da la cara una de las razones de tanta sinrazón.
Por parte de algunos, se propugna el retorno a un paganismo precristiano. La pena es que se olviden unos cuantos ingredientes del paganismo helénico: el infanticidio, la esclavitud y el desprecio a los enfermos incurables, que ya predicaba Platón. Además, no se olvide que Aristóteles justificaba la esclavitud y que el mundo griego inventó el “ostracismo”.
Y, lo peor de todo, se ignora o se olvida que en el fondo de tal pretendida oferta griega y romana se encuentra la imposibilidad metafísica de la libertad. En una cosmovisión cíclica, como aquella, el ser humano se consideraba sólo como un juguete en las manos inmisericordes del Destino y de las Parcas. Así se puede ver en las impresionantes tragedias griegas y aun en poemas tan bellos como la égloga IV de Virgilio.
El mundo moderno ha luchado ciertamente por el triunfo de la libertad, pero no es la libertad individual la que puede determinar la valía de valores éticos como el de la vida. Si el paganismo griego no podía descubrir la libertad, nuestra cultura no debería confundirla con la inhumanidad.
Esa es una de las razones de la promoción de la eutanasia. Hay otra razón que ha sido expuesta, poniendo sencillamente las cifras sobre la mesa. Al igual que ha ocurrido con las empresas que se han enriquecido por medio de la promoción del aborto, se observa ya la actividad financiera de las empresas que han promovido y facilitado la muerte, pedida por el paciente afiliado a la “mutua” o bien por sus familiares.
Evidentemente en estas consideraciones no se pretende juzgar las intenciones personales. Un viejo adagio decía que “del interior nadie puede juzgar, sino solamente Dios”. Pero no podemos caer en la ingenuidad de creer que toda la promoción de la “muerte por compasión” obedece solamente al requerimiento de una virtud tan humana y tan cristiana con esa.
Ante cuestiones de tanta importancia tanto para las personas como para la comprensión de la sociedad y de la convivencia, es preciso vivir en la claridad. Ya el profeta Isaías se lamentaba ante las decisiones de los que al mal llaman bien y al bien llaman mal (Is 5,20). Se ve que, aunque haya cambiado de traje, la tentación viene de lejos, en el tiempo y en el espacio.
José-Román Flecha Andrés


martes, 24 de julio de 2018
Evangelio según San Juan 6,1-15 - "Multiplicación de los panes y los peces" -
17º Domingo
Tiempo Ordinario - Ciclo B
"Multiplicación de los panes y peces"
29/07/18
Jn 6,1-15
Tiempo Ordinario - Ciclo B
"Multiplicación de los panes y peces"
29/07/18
Jn 6,1-15
Haz click sobre la imágen para leer el Evangelio
Reflexión
EL SIGNO DE LOS PANES
“Comerán y sobrará” (2 Re 4,43). Un hombre había llegado hasta Eliseo, trayéndole veinte panes de cebada. El profeta decide repartirlos entre un centenar de personas. Su criado objeta que aquellos panes no bastarán para alimentar a tanta gente. Pero el profeta se apoya en la promesa de Dios.
• El texto nos dice en primer lugar que el profeta es capaz de prestar atención a las necesidades de las gentes y de compadecerse de ellas.
• Además, la actuación del profeta no se basa simplemente en los cálculos humanos, sino en la confianza en el oráculo divino.
• Finalmente, se observa que, efectivamente, las gentes comieron del pan ofrecido por el profeta y al final sobró pan, como había predicho el Señor.
ANTICIPO DE LA CENA
En este año B del ciclo litúrgico, interrumpimos la lectura del evangelio de Marcos para escuchar y proclamar el evangelio de Juan, que dedica una amplia atención a la multiplicación y distribución de los panes y los peces (Jn 6,1-15). Ante este signo mesiánico, el papa Francisco ha subrayado tres puntos importantes:
* En primer lugar, hay un joven que pone a disposición de Jesús todo lo que tiene: cinco panes y dos peces. Todos nosotros tenemos algo, por poco que parezca, que podemos poner a disposición del Señor.
* Jesús toma los panes, da gracias al Padre y los distribuye. Estos gestos anticipan los de la última Cena. El pan de Dios es Jesús mismo, que se ofrece filialmente al Padre y se entrega generosamente a todos los hombres.
* Nosotros podemos identificarnos con la multitud que busca al Señor. O con el joven que entrega lo que tiene. Pero también con Jesús. Con la gracia de Dios, algo podemos hacer ante la soledad, la pobreza y las necesidades de nuestros hermanos.
EL SERVICIO DE LOS DISCÍPULOS
Claro que también podemos identificarnos con los discípulos de Jesús. El texto evangélico los cita en cuatro momentos:
• Con frecuencia nos parecemos a Felipe, que calcula lo que tienen los discípulos y constata que, por su cuenta, no pueden alimentar a la multitud.
• Otras veces nos parecemos a Andrés. Descubrimos la generosidad de las gentes, pero creemos que no será posible solucionar los problemas que observamos.
• De todas formas, hemos de obedecer al Señor. Él nos pide dirigirnos a las gentes, aun cuando no veamos todavía la solución a sus necesidades.
• Y finalmente, escuchamos su advertencia: “Recoged los pedazos que han sobrado. Que nada se pierda”. Hemos de ser testigos de su intervención salvadora.
- Señor Jesús, Tú conoces las necesidades de la humanidad y nuestra timidez al afrontarlas. Que tu Espíritu nos ayude a hacer presente en el mundo tu amor hacia los hambrientos y desposeídos. Que no perdamos nada de tu mensaje.
José-Román Flecha Andrés

miércoles, 18 de julio de 2018
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






