miércoles, 11 de mayo de 2016

Vídeos Reflexión: Domingo de Pentecostés - Solemnidad - (Monjas de Sant Benet - Ed. Verbo Divino - Youtube) -






Evangelio según San Juan 20, 19-23 - Solemnidad "Pentecostés"

Domingo de Pentecostés
Ciclo C
Solemnidad
15/05/16
Jn 20, 19-23

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Reflexión

EL VENDAVAL DEL ESPÍRITU
“Cada uno los oímos hablar de las maravillas de Dios en nuestra propia lengua” (Hech 2, 11). Esa es la exclamación que recorre las calles de Jerusalén cuando los discípulos salen del salón donde han sido sorprendido por el vendaval del Espíritu de Dios.
Antes eran tímidos y ahora son valientes. Antes estaban dominados por el miedo a los jefes de los judíos, pero ahora exponen con energía la obra y la palabra de Jesús de Nazaret. Antes estaban acobardados por la muerte ignominiosa de su Maestro. Ahora dan un convencido testimonio de la resurrección de su Señor.
La ciudad está llena de peregrinos llegados de todas las naciones del mundo conocido. Y todos entienden el mensaje. Babel había marcado el desastre de la confusión de las lenguas. Jerusalén inicia el milagro de la comprensión universal. Babel era el orgullo, la altanería el endiosamiento. Pentecostés es el paso del Espíritu, la obediencia de la fe y la era del amor.

TRES DONES
“Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra (Sal 103). Con razón el salmo expresa el anhelo más profundo del corazón humano. El anhelo de la vida. El orante de la primera alianza busca y espera recibir el don más precioso e inefable del Espíritu de Dios. Ese Espíritu que el orante de la nueva alianza confiesa como “Señor y dador de vida”.
Junto al don de la vida, los cristianos valoramos y pedimos otro don igualmente precioso: el de la unidad. En la nueva comunidad, todos nos reconocemos como miembros de un mismo cuerpo. Todos somos útiles y necesarios. Todos somos iguales en dignidad. “Todos hemos bebido de un solo Espíritu”, como nos recuerda san Pablo (1 Cor 12, 13).
Todavía hay un tercer don que agradecemos y tratamos de recordar cada día: el don del envío. El Señor resucitado abre ante nuestros ojos un horizonte universal. “Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”. (Jn 20, 21)

TRES NOTAS
El Evangelio de Juan que se proclama en esta fiesta de Pentecostés (Jn 29, 19-23) nos recuerda tres notas importantes de este don del envío del Señor:
• “Recibid el Espíritu Santo”. No podríamos recorrer los caminos del mundo si no fuéramos movidos por su vendaval. No acertaríamos a transmitir las palabras del Señor. No llegaríamos a hacer visible su presencia sin la gracia del Espíritu. 
• “A quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados”. El Señor es el rostro de la misericordia de Dios. Pero ha querido confiar a sus apóstoles el tesoro de su perdón. Que el espíritu nos haga testigos del amor y la ternura de Dios.
• “A quienes se los retengáis, les quedan retenidos”. Más asombrosa que la autoridad de perdonar es la responsabilidad de retener el perdón cuando los corazones se endurecen. Que el Espíritu nos conceda la gracia del discernimiento y del buen consejo. 
- “Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo… Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo, tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrima y reconforta en los duelos”. 
José-Román Flecha Andrés
corazon de fuego animado

Video: 13 de Mayo Día de Nuestra Señora de Fátima (Youtube)

martes, 3 de mayo de 2016

Video: 8 de Mayo Nuestra Señora de Luján - Patrona de la Argentina - (YouTube)

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Video Reflexion: VIIº Domingo de Pascua - Solemnidad "La Ascensión del Señor" - (Ed. Verbo Divino - Youtube - Monjas de Sant Benet) -


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Evangelio según San Lucas 24, 46-53 - Solemnidad "La Ascensión del Señor"

VIIº Domingo
de Tiempo de Pascua - Ciclo C

Solemnidad "La Ascensión del Señor"
8/05/16
Lc. 24, 46-53

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Reflexión
MIRAR AL CIELO Y A LA TIERRA
“Galileos, ¿Qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo volverá como le habéis visto marcharse” (Hech 1, 11). Los dos varones con vestiduras resplandecientes que hablan así a los discípulos nos recuerdan a los que aparecieron junto al sepulcro vacío.

En su boca resuena la voz celestial. Antes nos descubría el misterio de la vida del resucitado. Ahora nos anuncia su retorno. En ambos casos, es una voz que viene del cielo la que nos ayuda a recuperar la esperanza después de la muerte de Jesús y después de su aparente ausencia de esta tierra.
El cielo es la metáfora de la gloria de Dios y del Dios de la gloria. Claro que seguiremos mirando al Cielo, pero sin olvidar la realidad de este suelo. No podemos desentendernos de nuestra historia. Esperamos que en esta tierra se manifieste un día esa gloria de Dios que hace nuevas todas las cosas y hace más humano nuestro mundo.

LA ESPERANZA
La esperanza es el signo de esta fiesta de la Ascensión del Señor a los cielos. Directamente aparece en el texto de la carta a los Hebreos, que hoy se nos presenta como texto alternativo para la segunda lectura de la misa: “Mantengámonos firmes en la esperanza, porque es fiel quien hizo la promesa” (Heb 10,23).
Hoy se nos revela la gloria de Jesús y al mismo tiempo queda velada ante nuestros ojos. “La ascensión de Jesucristo marca la entrada definitiva de la humanidad de Jesús en el dominio celestial de Dios, de donde ha de volver, aunque mientras tanto lo esconde a los ojos de los hombres”. Así nos lo explica el Catecismo de la Iglesia Católica (n. 665).
Mirar al cielo puede ser una tentación. Una fácil evasión de las tareas que nos esperan en la tierra. Pero puede ser una profesión de fe en la divinidad de Jesús. Un gesto de esperanza en su venida gloriosa. Y una petición del amor que necesitamos para difundirlo como servicio a nuestros hermanos más necesitados.

LA PACIENCIA
El Evangelio de Lucas que hoy se proclama (Lc 24 52-53) nos recuerda tres notas importantes de este misterio de la ascensión del Señor:
• “Mientras los bendecía, se separó de ellos, subiendo hacia el cielo”. Jesús bendice a sus discípulos. Y en ellos nos bendice a todos los que creemos en él. Su bendición nos acompaña y nos sostiene en los caminos de la misión.
• “Ellos se volvieron a Jerusalén con gran alegría”. No se puede vivir de la nostalgia. Ni se debe encerrar el alma en la tristeza. El Señor nos ha dejado la responsabilidad de dar testimonio de él allí donde ha sido condenado y donde es olvidado o despreciado.
• “Estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios”. Los bendecidos por el Señor bendicen a Dios con su oración y su testimonio. La esperanza genera la paciencia. Lentamente irán descubriendo que el Señor los envía a todos los caminos del mundo. 
- Señor Jesús, que tu ascensión a los cielos nos ayude a descubrir la misión que tú nos confías para anunciar tu presencia y esperar tu venida. 

José-Román Flecha Andrés

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