miércoles, 16 de agosto de 2017

Videos Reflexión Canción: 20º Domingo de Tiempo Ordinario Ciclo A - "La fe de una mujer cananea" - (Youtube - Monjas de Sant Benet) -

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Evangelio según San Mateo 15, 21-28 - "La fe de una mujer cananea" -

20º Domingo
Tiempo Ordinario - Ciclo A
"La fe de una mujer cananea"
20/08/17
Mt 15, 21-28

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Reflexión
LA FE DE UNA PAGANA
“A los extranjeros que se han dado al Señor para servirlo, para amar el nombre del Señor y ser sus servidores, que guardan el sábado sin profanarlo y perseveran en mi alianza: los traeré a mi Monte Santo, los alegraré en mi casa de oración”. Esa es la gran promesa de Dios que se encuentra en la tercera parte del libro de Isaías que hoy se proclama (Is 56,1.6-7).
Israel abre sus fronteras a un universalismo mesiánico que venía proponiéndose de antemano (cf. Is 45,14). También los paganos podrán participar de las bendiciones que Dios ha derramado sobre Israel, con tal de que acepten a su Dios y lo sirvan y practican las normas y los ritos de su pueblo.
Con el salmo responsorial hacemos nuestro ese deseo al cantar: “Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben” (Sal 66). También san Pablo reconoce que los paganos han obtenido la misericordia de Dios (Rom 11,29-32).

LA BÚSQUEDA Y EL GRITO
Sin embargo, en el evangelio de Mateo que hoy se proclama nos parece encontrar una negación de esa esperanza (Mt 15,21-28). Es verdad que Jesús ha dejado la tierra de Israel para retirarse a la región de Tiro y Sidón, habitada por paganos. Una mujer sale de aquellos lugares y se dirige a él gritando:
• “Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David”. Resulta muy sorprendente que una mujer extranjera y pagana implore la misericordia de Jesús, llamándolo con un título mesiánico.
• “Mi hija tiene un demonio muy malo”. Nos conmueve descubrir en esta mujer tanto la preocupación maternal por su hija enferma como la fe que la lleva a acercarse con su invocación hasta Jesús.
El silencio inicial de Jesús y la imagen tradicional de los “perros”, que él suaviza con el diminutivo, no hacen más que excitar aún más la fe de esta mujer. Como ha dicho el papa Francisco, “la petición de la mujer cananea es el grito de toda persona que busca amor, acogida y amistad con Cristo” (17.8.2014).

EL LAMENTO Y LA FE
Esa petición de la mujer extranjera fue atendida por Jesús. Con ella se hacía realidad la profecía de la universalidad de la salvación. Es como si aquel ruego hubiera anticipado la hora de la extensión del mensaje y la obra de Jesús a todos los pueblos.
• “Mujer, qué grande es tu fe”. Ante un centurión romano y pagano y ante una mujer cananea y pagana, Jesús reconoce que la fe no es patrimonio exclusivo de las gentes de Israel. Dios ha sido generoso al extender por la tierra el don de la fe.
• “Que se cumpla lo que deseas” A veces creemos que hacen falta milagros para que brote la fe. Jesús nos hace ver que es la fe que hace botar los milagros en cualquier lugar que se presente. Dios extiende su compasión a quienes creen en él.
- Señor Jesús, al igual que tus discípulos queremos pedirte que atiendas el lamento de todos los que te presentan sus necesidades, sus dolores y esperanzas. Tú eres el Salvador de todos los que confían en tu bondad. ¡Bendito seas por siempre, Señor! 
José-Román Flecha Andrés
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jueves, 10 de agosto de 2017

miércoles, 9 de agosto de 2017

Video Reflexión: 19º Domingo de Tiempo Ordinario Ciclo A - "Jesús camina sobre las aguas" - (Youtube-Monjas de Sant Benet)

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Evangelio según San Mateo 14, 22-33 - "Jesús camina sobre las aguas" -

19º Domingo
Tiempo Ordinario - Ciclo A
"Jesús camina sobre las aguas"
13/08/17
Mt 14, 22-33
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Reflexión
LA TORMENTA Y LA PAZ
“Sal y aguarda al Señor en el monte, que el Señor va a pasar”. Ese es el mensaje que se dirige al profeta Elías, refugiado en el monte Horeb. La amenaza de la reina Jezabel lo ha obligado a ocultarse. Y el miedo parece haberse apoderado de él. Desearía tener la certeza de que lo protege el Dios a quien ha defendido ante los derviches de Baal
Pero Dios no está en el viento huracanado, ni en el terremoto ni en el fuego. El Señor se hace presente en el susurro de la brisa. Esa presencia de Dios le dará fuerza para recorrer el camino de vuelta, para denunciar la prepotencia y la corrupción de la reina y anunciar el proyecto de Dios sobre su pueblo (cf. 1Re 9-13).
También nosotros esperamos que el Señor nos muestre su misericordia. En ello está nuestra salvación, como vamos a cantar con el salmo responsorial. “Su misericordia y su fidelidad se encuentran” (Sal 84,11).

EL TEMOR Y LA CONFIANZA
La oración del profeta Elías en el monte anticipa para nosotros la oración de Jesús en otro monte. Ambos se encuentran con Dios en la soledad. Mientras tanto, los discípulos de Jesús se sienten amenazados por el agua y por el viento. A la oración de Jesús se contrapone el miedo de los suyos. Pero la presencia del Señor los alienta.
• “¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!” Jesús no ignora la angustia y el temor de sus discípulos. Está cerca de los que lo han dejado todo para seguirle. Ellos nunca deberían dudar de la fidelidad de su Maestro.
• “¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!” Ahora, como entonces, imaginamos fantasmas que nos roban la paz. En lugar de calmarnos, solamente añaden terror a nuestras preocupaciones ordinarias.
• “¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!” Los dioses antiguos atemorizaban a los hombres. El Dios vivo nos exhorta continuamente a superar el temor y a vivir en paz y en confianza.

EL MIEDO Y LA FE
El evangelio nos recuerda la osadía de Simón Pedro. No está mal pretender seguir al Señor sobre las aguas movedizas. El peligro está en confiar en nosotros mismos más que en él. Menos mal que el Señor nos devuelve la calma y la fe para exclamar:
• “Realmente eres Hijo de Dios”. Solamente su presencia hará que cesen las tormentas que amenazan nuestro trabajo. 
• “Realmente eres Hijo de Dios”. Solamente su cercanía nos hará descubrir que nuestros miedos pueden ser superados por la fe.
• “Realmente eres Hijo de Dios”. Solamente esa fe nos llevará a reconocer y a proclamar a Jesús como el Hijo de Dios que nos trae la salvación.
- Señor Jesús, a tus discípulos los llamaste sabiendo que eran pescadores. Si su trabajo no los apartó de ti, tu oración no te alejaba de ellos. Líbranos del miedo de cada día y fortalece nuestra fe en tu presencia salvadora.
José-Román Flecha Andrés
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