martes, 9 de julio de 2013

9 de Julio - Día de la Independencia - Vídeo Reflexión y Canciones (Youtube - Goear)

 



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lunes, 8 de julio de 2013

Evangelio según San Lucas 10, 25-37 - "El buen samaritano" -

15º Domingo
de Tiempo Ordinario - Ciclo C -
14/07/13
Lc 10, 25-37


Y entonces, un doctor de la Ley se levantó y le preguntó para ponerlo a prueba: "Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?".
Jesús le preguntó a su vez: "¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?".
El le respondió: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo".
"Has respondido exactamente, le dijo Jesús; obra así y alcanzarás la vida".
Pero el doctor de la Ley, para justificar su intervención, le hizo esta pregunta: "¿Y quién es mi prójimo?".
Jesús volvió a tomar la palabra y le respondió: "Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos ladrones, que lo despojaron de todo, lo hirieron y se fueron, dejándolo medio muerto.
Casualmente bajaba por el mismo camino un sacerdote: lo vio y siguió de largo.
También pasó por allí un levita: lo vio y siguió su camino.
Pero un samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a él, lo vio y se conmovió.
Entonces se acercó y vendó sus heridas, cubriéndolas con aceite y vino; después lo puso sobre su propia montura, lo condujo a un albergue y se encargó de cuidarlo.
Al día siguiente, sacó dos denarios y se los dio al dueño del albergue, diciéndole: "Cuídalo, y lo que gastes de más, te lo pagaré al volver"
¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo del hombre asaltado por los ladrones?".
"El que tuvo compasión de él", le respondió el doctor. Y Jesús le dijo: "Ve, y procede tú de la misma manera".
Palabra del Señor
Reflexión
Aprended lo que significa:  «misericordia quiero y no sacrificios» (Mt 9, 13)
Santiago y Juan, impetuosos y presumiendo—no diferentes a unos modernos homólogos suyos—de tener la mente de Dios, desean la ruina de los samaritanos.  Los samaritanos, además de practicar una religión espuria, no reciben a Jesús de camino a Jerusalén.
Pero Jesús regaña a los hermanos.  La venganza y la inquisición solo llevan a más y peores violencias y cismas. Más adelante, contará una parábola para contestar a un aficionado a la dialéctica.  Efectivamente, cuestionará estereotipos de los que quizás tienen mucho que ganar más que nadie los letrados y los encargados del culto en el templo de Jerusalén, a diferencia del culto en el Monte Gerizim.  La parábola también describirá al narrador.
Jesús es como el samaritano que es el prójimo de la persona en situación desesperada.  No le preocupa el riesgo de contagiarse de alguna impureza que le descalifique del culto.  Come con publicanos.  Se deja tocar por una prostituta.  No rehúye a leprosos; los cura, al igual que cura a una mujer con hemorragia.  Bien sabe que el culto puro es socorrer a los indefensos y no mancharse de la indiferencia y el egoísmo del mundo.  El que por nuestra salvación ha bajado del cielo es el primero de los que «dejan a Dios por Dios».
No se le ocurre al samaritano que la escena pueda ser solo una martingala de parte de los bandidos.  Se conmueve de lástima hasta las entrañas que, sin ver peligro alguno, sin ningún miedo, se acerca al medio muerto y se agacha. Y no da solamente los primeros auxilios.
Así de resuelto, Jesús enfrenta con valentía su destino para llamar a todos a la conversión y llevar a pleno término el reino de Dios y su justicia.  Por nosotros contaminados, todo lo entegra el Salvador, «haciendo la paz por la sangre de su cruz», sin pedir ningún DNI, pues, ser hijos e hijas de Dios es suficiente (Papa Francisco).
Ratificamos este parentesco con el Padre celestial, que es bondadoso con los justos e injustos, precisamente en cuanto lo imitamos, amando y haciendo el bien a todos, rezando por todos, amigos y enemigos, apoyantes y oponientes, bienhechores y perseguidores.  Y reconocemos debidamente a Jesús como el primogénito en la medida en que somos como él, el siervo que da su vida por nosotros.
Cuando practicamos, como Jesús, la misercordia con los desamparados, nuestra celebración eucarística es pura delante de Dios y elogiable.  Así cumplimos también el mandamiento del Señor que está muy cerca de nosotros:  al Verbo encarnado lo acariciamos y le besamos las llagas con ternura al acariciar nosotros y besarles las llagas a los pobres, lo que constituye el camino—y no hay otro—para encontrarnos con Jesús-Dios (Papa Francisco).
Este único camino, claro, es el de los seguidores de san Vicente de Paúl y del beato Federico Ozanam.  Captando también el misterio en los sufrientes, mediadores de la luz (Lumen fidei 57), los dos nos exhortan a contemplar a los pobres como representantes del Hijo de Dios y a proclamar, postrados a sus pies y tocando sus llagas: «¡Señor mío y Dios mío!» (XI, 725; Carta del beato a Luis Janmot, 3 de noviembre de 1836).

viernes, 5 de julio de 2013

PAPA FRANCISCO: Encíclica Lumen Fidei

La fe como experiencia de comunión y de solidaridad
Ciudad del Vaticano, 5 julio 2013 (VIS).-Esta mañana, a las 11, 00, en la Oficina de Prensa de la Santa Sede ha tenido lugar la presentación de la primera encíclica del Papa Francisco “Lumen fidei”. La presentación ha corrido a cargo del cardenal Marc Ouellet, P.S.S., Prefecto de la Congregación para los Obispos y de los arzobispos Gerhard Ludwig Müller y Rino Fisichella, respectivamente Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y Presidente del Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización. 
Ha hablado en primer lugar el arzobispo Gerhard L. Müller explicando que en la Lumen Fidei las temáticas se dividen en cuatro partes como "cuatro cuadros de una única grande pintura".
 "En la primera parte -ha dicho-, a partir de la fe de Abraham, que presenta al hombre reconociendo en la voz de Dios “una llamada profunda, inscrita desde siempre en su corazón ”, se pasa a la fe del pueblo de Israel. Un continuo pasaje de la “tentación de la incredulidad” y la adoración de los ídolos, “obras de las manos del hombre”, a la confesión “de los beneficios de Dios y al cumplimiento progresivo de sus promesas. Se llega así a la historia de Jesús, compendio de la salvación, en quien todas las líneas de la historia de Israel se unen y concentran. Con Jesús podemos decir definitivamente que “hemos conocido y creído al amor que Dios tiene por nosotros”, porque Él es “la manifestación plena de la fiabilidad de Dios”.
 "En la segunda parte la encíclica pone la verdad como una cuestión que se coloca “en el centro de la fe”. La fe es un evento cognoscitivo relacionado con el conocimiento de la realidad: “sin la verdad, la fe no salva… permanece una hermosa fábula… o se reduce a un bello sentimiento”.
"La fe, -ha recordado- abriéndonos al amor que viene de Dios, transforma nuestro modo de ver las cosas “en cuanto el mismo amor trae una luz”. El amor es auténtico cuando nos une a la verdad, mientras la verdad nos atrae a ella con la fuerza del amor. “Este descubrimiento del amor como fuente de conocimiento, que pertenece a la experiencia originaria de cada hombre”, nos es testimoniada justamente “por la concepción bíblica de la fe” y constituye uno de los énfasis más bellos e importantes de esta encíclica"...La fe nos ayuda por tanto a alcanzar en profundidad los fundamentos de la realidad. En ese sentido, se puede comprender el nivel en el cual la luz de la fe puede “iluminar los interrogativos de nuestro tiempo en cuanto a la verdad”, es decir las grandes preguntas que surgen en el corazón humano frente a la totalidad de la realidad, sea en relación a su belleza que a sus aspectos dramáticos". 
Monseñor Müller ha destacado varios puntos relevantes de la encíclica. Primero, "el lugar genético de la fe, señalando esta como evento que toca íntimamente la persona, pero no cierra el “yo” en un aislado y aislante “tú a tú” con Dios. De hecho, la fe -ha dicho- “nace de un encuentro que se produce en la historia” y “se transmite… por contacto, de persona a persona, como una llama enciende otra llama". 
En segundo lugar ha señalado una cita presente en la tercera parte de la encíclica, extraída de las Homilías de San León Magno: “Si la fe no es una, no es fe”. “Vivimos de hecho -ha continuado- en un “mundo” que, a pesar de sus conexiones y globalizaciones, está fragmentado y seccionado en muchos mundos, que si bien se encuentran en comunicación, se hallan con frecuencia en mutuo conflicto. Por esta razón la unidad de la fe es un bien precioso que el Santo Padre y sus hermanos obispos están llamados a testimoniar, alimentar y garantizar como primicias de una unidad que se ofrece al mundo entero como don". 
Por último el prelado ha referido un pasaje de la cuarta parte de la Encíclica. "Si es verdad que la fe auténtica llena el corazón de alegría y “se ensancha la vida” —afirmación que aúna concretamente al Papa Francisco y Benedicto XVI— “la luz de la fe no nos lleva a olvidarnos de los sufrimientos del mundo” sino que nos abre “a una presencia que le acompaña, con una historia del bien que se une a toda historia de sufrimiento, para abrir en ella un resquicio de luz”. 
La encíclica según monseñor Müller "quiere reafirmar de modo nuevo, que la fe en Jesucristo es un bien para el hombre y “es un bien para todos, un bien común”: “su luz no luce sólo dentro de la Iglesia, ni sirve únicamente para construir una ciudad eterna en el más allá; nos ayuda a edificar nuestras sociedades para que avancen hacia el futuro con esperanza”. 
A continuación ha tomado la palabra el cardenal Ouellet señalando que Lumen fidei “habla de la fe como de una experiencia de comunión, de dilatación del yo y de solidaridad en el camino de la Iglesia con Cristo para la salvación de la humanidad... Objetivamente, la luz de la fe orienta el sentido de la vida, ayuda y consuela a los corazones inquietos y abandonados, pero compromete también a los creyentes para que se pongan al servicio del bien común de la humanidad a través del anuncio y la división auténtica de la gracia recibida de Dios... Subjetivamente la fe es una apertura al Amor de Cristo, un acoger, un entrar en relación que ensancha el yo a la dimensión de un nosotros que no es solamente humano, en la Iglesia, sino que es propiamente divino, esto es, una participación auténtica en el Nosotros del Padre y del Hijo en el Espíritu Santo”. 
A partir de este “nosotros” trinitario que se prolonga en el “nosotros” eclesial, la encíclica se enlaza de forma completamente natural con el “nosotros” de la familia que es el lugar por excelencia de transmisión de la fe... Por otra parte recuerda las profundas afinidades entre la fe y el amor sin fin que se prometen el hombre y la mujer que se unen en matrimonio”. Asimismo “la encíclica da un notable contribución a la pertinencia de la fe para la vida social, para la construcción de la ciudad en la justicia y en la paz, gracias al respeto de cada persona y de su libertad, gracias a los recursos de la compasión y la reconciliación que ofrece para el consuelo de los sufrimientos y la composición de los conflictos... La tendencia a confinar a la fe en la esfera de la vida privada se confuta en tonos mesurados, pero de forma decisiva” y “muchos aspectos desarrollados en precedencia por las encíclicas sobre la caridad y la esperanza se completan con esta puesta en luz de la fe como comunión y servicio al bien común”. 
Al final -ha terminado el cardenal- la encíclica contempla a María, la figura por excelencia de la fe, aquella que ha escuchado la Palabra y la ha conservado en su corazón, la que ha seguido a Jesús y se ha dejado transformar”. 
Por su parte, monseñor Fisichella retomando las palabras del Santo Padre: “El que cree ve”, ha afirmado que en esta expresión “puede resumirse la enseñanza del Papa Francisco en esta primera encíclica suya. Un texto situado en la perspectiva del binomio luz y amor. Lo que nos enseña es un camino que el Papa propone a la Iglesia para recuperar su misión en el mundo de hoy... Presentando la fe, la encíclica nos pide que fijemos de nuevo la mirada sobre lo que es esencial en la Iglesia y en cada creyente; es decir el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios que en su muerte y resurrección ha revelado el amor en su plenitud y en su profundidad.... Partiendo del presupuesto de que la fe nace del amor, se articula la relación entre conocimiento de la fe y conocimiento del amor como un binomio inseparable, en el cual, de cualquier forma, el primado indiscutible es el del amor. La “luz de la fe” se resuelve en la “luz del amor”.
 El arzobispo Fisichella ha señalado que Lumen fidei se publica justo a mitad del Año de la Fe y que está fechada el 29 de junio, festividad de los apóstoles Pedro y Pablo y primeros testigos de la fe de la Iglesia de Roma en la que el Papa está llamado a confirmar a los hermanos en la unidad de la fe de siempre. Asimismo he revelado que a Benedicto XVI se le había pedido repetidamente que escribiera una encíclica sobre la fe para concluir la tríada abierta con “Deus Caritas est” sobre el amor y “Spe salvi” sobre la esperanza. “El Papa -ha dicho mons. Fisichella- no estaba convencido de tener que someterse a esta ulterior fatiga. Sin embargo, la insistencia prevaleció y Benedicto XVI decidió que la habría escrito como conclusión del Año de la Fe. La historia ha querido que fuera de otra forma y la encíclica nos la ofrece hoy el Papa Francisco... como programa sobre como continuar viviendo esta experiencia que ha visto a toda la Iglesia comprometida en tantas manifestaciones significativas”. 
Hay que decir sin dudas de algún tipo - ha precisado- que aunque Lumen Fidei retome algunas intenciones y contenidos propios del magisterio de Benedicto XVI, es plenamente un texto del Papa Francisco. En ella encontramos su estilo...la inmediatez de las expresiones que usa, la riqueza de las imágenes que usa como referencia y la peculiaridad de algunas citas de autores antiguos y modernos hacen de este texto una verdadera introducción a su magisterio... Por poner un ejemplo, una lectura atenta mostrará que retornan con fuerza tres verbos ... caminar, construir, confesar. De alguna forma, podríamos decir, que la encíclica se estructura sobre estos tres verbos y especifica sus contenidos”. 
En Lumen fidei, el Pontífice no olvida los dos acontecimientos que caracterizan este año: el cincuenta aniversario de la apertura del Concilio Ecuménico Vaticano II y el vigésimo de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica. “Por lo que se refiere al primer evento -ha comentado el prelado- el Papa Francisco reafirma que fue un “concilio sobre la fe”... que tenía el objetivo de poner en el centro de la vida de la Iglesia el primado de Dios y la exigencia de decirlo hoy, en una sociedad y una cultura diferentes, de forma comprensible y creíble. Por cuanto concierne al Catecismo, en cambio, la Iglesia subraya su validez como instrumento a través del cual la Iglesia cumple su obra de transmisión de la fe con la memoria viva del anuncio de Jesucristo. Hay que notar, además, que en este contexto el Papa Francisco hace hincapié en el gran valor que posee la Profesión de fe, el Credo... una oración que hace sentir la fe como un dato vivo y eficaz en la vida de los creyentes, que a menudo experimentan un analfabetismo injustificado acerca de los contenidos de la fe. En estas páginas se reafirma el profundo valor que posee el Credo, no solo para recordar la síntesis de la fe, sino sobre todo para comprender el compromiso de cambiar de vida... El que cree está llamado a vivir responsablemente en el mundo”. 
Lumen fidei - ha concluido- es una encíclica de fuerte connotación pastoral... El Papa Francisco con su sensibilidad de pastor consigue traducir muchas cuestiones de carácter estrictamente teológico en temáticas que pueden contribuir a la reflexión y a la catequesis...Ninguno tendría que tener miedo de mirar a los grandes ideales y perseguirlos. La fe y el amor son los primeros que deben proponerse. En un periodo de debilidad cultural como el nuestro, esa invitación es una provocación y un reto que no pueden dejarnos indiferentes”.
Haz clik en la imagen del Papa Francisco y busca en Enclíticas y tendrás la versión completa.   

miércoles, 3 de julio de 2013

Diario El Día - Opinión -27 de junio de 2013- ¿Bebés de fábrica?- Noticias -

¿Bebés de fábrica?  ¿Bebés de fábrica?

Por Monseñor HECTOR AGUER -  Arzobispo de La Plata
El Congreso de la Nación ha sancionado recientemente una ley que garantiza “el acceso integral a los procedimientos y técnicas médico-asistenciales de reproducción médicamente asistida”. Este es el lenguaje empleado por los legisladores, un eufemismo para designar lo que en buen romance podría llamarse fabricación de bebés. En efecto, la lógica de gratuidad que preside la transmisión del don de la vida humana queda alterada por la introducción de mecanismos que corresponden a un ámbito muy diverso, el propio de la producción. Desde hace más de dos décadas se intenta dar respuesta, mediante técnicas de fecundación artificial, a los problemas de esterilidad e infertilidad. Pero no se trata de una solución médica, ya que no se cura nada, sino que se suplanta el acto por el cual se transmite la vida, disociando la procreación de la sexualidad. Tal disociación implica el menosprecio de valores fundamentales que presiden la procreación humana y tiene consecuencias gravísimas. Es sabido que en la fecundación extracorpórea se pierden muchas vidas; los legisladores suscriben ahora, al menos implícitamente, el error de no considerar al embrión un ser humano, sujeto de derechos. 
Llaman la atención los defectos del procedimiento legislativo: la sanción no fue precedida por un debate serio y prolongado; no se planteó la posible limitación de los daños que se seguirán de la adopción de las técnicas artificiales de reproducción -como ha ocurrido en otros países- y la imprecisión del texto deja un amplísimo campo a determinar por la autoridad de aplicación. Es asombroso también que en la Cámara de Diputados se haya registrado un solo voto en contra. ¡Qué penosa ofuscación de la conciencia en nuestros legisladores!Progresivamente se fue imponiendo una nueva causal en la justificación de las técnicas adoptadas: el deseo reproductivo del individuo, formalizado como presunto derecho a tener un hijo. La referencia al individuo es pertinente aun cuando el solicitante sea una pareja, porque la inspiración de aquel deseo es profundamente individualista. De hecho, la ley pretende asegurar “el acceso igualitario de todos los beneficiarios”. Y ¿quiénes son éstos?: “toda persona mayor de edad que haya explicitado su consentimiento informado”. Vale decir que el solicitante puede ser un matrimonio, dos convivientes –también dos varones o dos mujeres– un hombre solo, una mujer sola; incluso personas perfectamente fértiles podrían acceder a las técnicas autorizadas y a la cobertura del costo correspondiente. Algo muy distinto es el anhelo de un matrimonio de prolongarse en la prole, lo cual corresponde como fin principalísimo a la unión conyugal; conviene recordar, sin embargo, que esa aspiración no puede ser satisfecha éticamente por cualquier medio.
La ley admite las técnicas de fecundación heteróloga y por tanto la donación de gametos, con la consiguiente afectación del derecho a la identidad de los niños así concebidos. La importancia de este derecho se ha visto realzada en los últimos años en los trámites para establecer la identidad de los hijos de muchas personas desaparecidas, pero ahora se lo menosprecia al facilitar el nacimiento de niños biológicamente huérfanos. Peor aún, si cabe la comparación, es la legalización de los bancos de embriones y la donación de los mismos. ¿También la compra? El ser humano, en el estadio inicial de su existencia, queda degradado a la condición de objeto biológico; en los depósitos será congelado a 190º bajo cero. Una muerte segura aguarda a un elevado número de niños por nacer –eso es un embrión humano, un niño por nacer– o posibles lesiones y el consiguiente descarte. Nada impide en el instrumento legal la selección de embriones según mecanismos de discriminación por razones físicas o genéticas. La persona que accede a estos métodos inhumanos, y que es indebidamente considerada un paciente, puede revocar su consentimiento “hasta antes de producirse la implantación del embrión en la mujer”. ¿Qué se hará con los niños así concebidos y eventualmente rechazados? El texto asegura el acceso igualitario a las prácticas, sin exclusiones por orientación sexual o estado civil; así se legaliza implícitamente el alquiler de vientres (¿de qué otro modo podría conseguir su propósito una pareja integrada por dos varones?).
Las imprecisiones de la ley son tales que sugieren una larga serie de interrogantes, cuestiones decisivas para asegurar el derecho a la vida y la dignidad de los niños que serán artificialmente engendrados. Por ejemplo: ¿cuántos óvulos se van a fecundar y cuántos embriones serán implantados en cada caso? ¿Se permitirá seleccionar embriones, elegir el sexo del hijo y otras características? ¿Es admisible la donación de gametos entre miembros de una misma familia? ¿Será anónima la donación de gametos y embriones? Y si lo fuera, cómo se respetará el derecho a la identidad?
La sanción legislativa favorece los intereses del lobby que se dedica a la manipulación biotecnológica, cuando en la sociedad argentina se posterga indefinidamente la satisfacción de tantas necesidades populares. Se ha elegido, además, privilegiar el proyecto egoísta de vida de adultos dispuestos a ejercer una autonomía que no reconoce límites.
El desplazamiento definitivo de la adopción como gesto de amor y solidaridad dejará a muchos niños ya nacidos esperando en vano el calor de una familia.  
Fuente: Opinión - 27 de junio de 2013 - PUNTOS DE VISTA - ¿Bebés de fábrica?, Diario El Día, La Plata, Argentina

Vídeos Reflexión y Canción: 14º Domingo de Tiempo Ordinario - Ciclo C - (Monast. de Sant Benet Monserrat - Ed. Verbo Divino - Youtube Misioneros- los pies del mensajero)








lunes, 1 de julio de 2013

Evangelio según San Lucas 10, 1-12; 17-20

14º Domingo
de Tiempo Ordinario - Ciclo C -
07/07/13
Lc 10, 1-12; 17-20
                   
Después de esto, el Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde él debía ir.
Y les dijo: "La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha.
¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos.
No lleven dinero, ni alforja, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino.
Al entrar en una casa, digan primero: "¡Que descienda la paz sobre esta casa!".
Y si hay allí alguien digno de recibirla, esa paz reposará sobre él; de lo contrario, volverá a ustedes.
Permanezcan en esa misma casa, comiendo y bebiendo de lo que haya, porque el que trabaja merece su salario. No vayan de casa en casa.
En las ciudades donde entren y sean recibidos, coman lo que les sirvan; curen a sus enfermos y digan a la gente: "El Reino de Dios está cerca de ustedes".
Pero en todas las ciudades donde entren y no los reciban, salgan a las plazas y digan:
¡Hasta el polvo de esta ciudad que se ha adherido a nuestros pies, lo sacudimos sobre ustedes! Sepan, sin embargo, que el Reino de Dios está cerca".
Les aseguro que en aquel Día, Sodoma será tratada menos rigurosamente que esa ciudad.
Los setenta y dos volvieron y le dijeron llenos de gozo: "Señor, hasta los demonios se nos someten en tu Nombre". 
El les dijo: "Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo.
Les he dado poder de caminar sobre serpientes y escorpiones y para vencer todas las fuerzas del enemigo; y nada podrá dañarlos.
No se alegren, sin embargo, de que los espíritus se les sometan; alégrense más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo".
Palabra del Señor
REFLEXIÓN
EL TEXTO
Salta a la vista del texto que no es a los doce apóstoles a quienes manda Jesús a predicar sino a setenta y dos discípulos, como queriendo representar a todos los que lo seguían. Por lo tanto, no podemos aplicar este texto solamente a los que de manera total dedican su vida al Evangelio; más bien nos habla sobre la vocación de todos los cristianos, todos los bautizados.
¿Cómo se imaginan que iban esos setenta y dos discípulos? Ellos nunca habían anunciado el Evangelio, nunca habían expulsado demonios, ni sanado enfermos! Lo más seguro es que caminaran a su misión curiosos sin estar seguros qué iban a hacer o cómo serían recibidos. Si a esto le agregamos que se les pidió no llevar ni dinero, ni morral (para la comida), ni sandalias; nos damos cuenta que Jesús les pedía una confianza absoluta en su Palabra; Jesús les enviaba no con el poder de las cosas, los conocimientos o los instrumentos que ellos pudieran tener, sino con el poder del Espíritu Santo, con la fuerza de su confianza plena en la persona y el mensaje de Jesús.
ACTUALIDAD
¿Cómo nos imaginamos nosotros a un misionero? Pensamos tal vez en alguien que lo ha dejado todo, casa, familia, dinero, etc. para seguir y anunciar a Jesús en un lugar lejano, tal vez hasta otro país u otro continente. Sin embargo, hoy el Evangelio nos enseña que misioneros somos todos, que todos nosotros, padres de familia, jóvenes, solteros, empresarios, trabajadores, obreros, amas de casa, deportistas, lo que cada quien sea, también estamos llamados a llevar la paz y la Buena Nueva de Nuestro Señor Jesucristo. 
Lo primero que nos preguntamos es ¿qué vamos a anunciar? ¿Conocemos a Jesucristo, su mensaje, su persona¿ ¿Lo hemos experimentado en nuestra vida? ¿Cuál será nuestra experiencia a compartir, la de una religión por obligación que se vive para no condenarnos? ¿O seremos capaces de dar testimonio del Dios que nos trae la PAZ, del Padre que nos ama incondicionalmente y nos alimenta como una madre alimenta a su hijo recién nacido? 
Lo segundo que debemos de tomar en cuenta es ¿cómo camino por la vida para realizar esta misión? ¿En quién confío el éxito de mi vocación? Por poner un ejemplo, volteemos a ver a los padres de familia. ¿En qué basan el éxito de la educación de sus hijos o de la relación con su pareja? En cosas externas o en el trato personal y cálido. ¿Cumplo con mi misión de padre por llevar el dinero a la casa, darles vacaciones, ropa, educación y comida? O será necesario llevar también la Paz, el amor de Cristo, la fe sin la cual nunca seremos felices. Recuerden, no son los bienes materiales los que medirán su éxito sino el amor, el tiempo dedicado, la 
paciencia, el testimonio y el amor de Nuestro Señor Jesucristo lo que hará exitosa su misión.
PROPÓSITO
Una gran tarea nos ha dejado el Señor esta semana. Cada uno de nosotros podrá pensar en cómo se concretiza esta tarea en su vida. Sin embargo, todos podemos escuchar estas palabras de Nuestro Señor y alegrarnos por que al cumplirla no es el mundo lo que estamos ganando, sino la Vida Eterna, es decir, nuestra plenitud total como seres humanos.
Héctor M. Pérez V., Pbro